El rescate explicado con gominolas

Gominolas
En estos tiempos en los que se nos plantea si coger o no un rescate financiero, he decidido intentar explicarlo con una historia sencilla, espero poder aclarar algo.
Todos los días Juanito va a comprar gominolas a la tienda de Pepito. Juanito que es muy bueno negociando decide un dia plantearle a Pepito que se las venda más baratas, y Pepito, que no quiere perder la amistad y el afecto de Juanito, cede y se las vende a 0,99 el kilo en lugar de a 1 Euro se se leva el doble que de costumbre.
Al día siguiente, orgulloso y satisfecho de si mismo, Juamito intenta que Pepito le deje el kilo a 0,95. Pepito, a regañadientes vendió a Juanito las gominolas a ese precio y a sabiendas de que se tendría que apretar el cinturón empezó a prescindir algunas noches de su sopita caliente.
Así continuó durante meses, y llego el momento en que Pepito tubo que empezar a comprar gominolas de menor calidad, prescindir de su sopita de por las noches y aumentar las horas que dedicaba a trabajar. Entonces Juanito, le propuso que el podía dejarle algo de dinero, pero que claro, como no estaba pasando por uno de sus mejores momentos, tenia que cobrarle un interés mayor.
Algunos meses después, Pepito no pudo pagar pues con los precios de las gominolas tan bajos y lo débil que estaba debido a que ya apenas comía para poder atender su negocio, así que Juanito no tubo más remedio que comprarle la tienda, pero claro, la tienda en ese momento, valía mucho menos, y Juanito la compró simplemente con lo que se había ahorrado comprando las gominolas más baratas.
Cierto día Pepito y Juanito coincidieron por la calle. Juanito le pregunto:
—Pepito, ¿Que haces ahí tirado?—
Pepito estaba en un estado lamentable
—Pues mira— respondió Pepito
—Ya no tengo dinero, ni tienda, ni trabajo, así que me he sentado aquí a esperar —
Esto pasó ya hace unos años y Pepito sigue esperando.

Haití: Año Cero

AmsterdamYa hace unos cuantos años del terremoto, pero desde que aquella catástrofe ocurrió las cosas pocas veces han ido a mejor. Era el momento de salir de mi querido París, de mis conversaciones siempre agradecidas con mi amigo Fabrice entre napolitanas de chocolate y tortas de arroz inflado con chocolate.

Tocaba cambiar la situación pero antes de viajar a Haití tenia que solucionar algunos asuntos en Amsterdam (Holanda), que dicho sea de paso, estaba a tiro de piedra de París y el TGV llegaba sin problemas. Fabrice me acompaño en este pequeño viaje.

En la Amsterdam Centraal nos esperaba el CEO de SweetContainHomes quienes gracias al aporte de contenedores de mercancias obsoletos por parte de la multinacional danesa Maersk habian conseguido desarrollar una sencilla la forma de construcción de casas de 80 m2 a partir de modulos modificados, e instalarlos de forma rapida. Para ello solo habia que colocar los contenedores modificados en el barco carguero mas grande que pudieramos encontrar y descargarlos y montarlo directamente con la ayuda de dos o tres helicopteros Sikorsky S-64 Skycrane. El problema ya no era el que o como, ni siquiera el con quien ya que entre Fab, la gente de SweetContain y yo ya sumabamos suficiente personal. El problema fue la financiación, ya que, dada la sutuación de Haití no podiamos esperar un retorno de la inversión por reconstuír sus hogares.

FerrocarrilEvidentemente la parte del equipo que debía resolver tal problema la tenia delante del espejo. Como resolver un problema monetaria con una población arrasada por un terremoto. Y la respuesta llego prácticamente sola al acabar de hacer la pregunta. Estaba delante de nuestras narices, y siempre lo habia estado. La propia población Haitiana era la solución a sus propios problemas, solo había que aportarles las herramientas adecuadas.

Fabrice es uno de los mejores traductures que conoczo, y ademas el francés, uno de los idiomas oficiales de haití, era su lengua materna, asi que nos retiramos al Van Gogh Museum Amsterdam para pensar.

Continuará (Ver siguiente capítulo).

Positive World

Londres<<Esta mañana, me desperté a las afueras del aeropuerto Heathrow, de Londres. En un hotel perteneciente a la cadena Hollyday Inn. Habitación sencilla, con vistas a la terminal. Seguramente, lo que me despertó fue el flujo de mensajes del teléfono móvil que indicaba que ya era de día en la Europa occidental.

Los tweets se amontonaban ordenadamente en la bandeja de mensajes y les hacían compañia a algún que otro evento de Facebook.

Londres es una ciudad demasiado pequeña para su enorme tráfico y por eso, la mayor parte de la gente acude a sus puestos de trabajo utilizando, una siempre eficiente combinación de metro y bus local, que puedo decir que funciona con gran puntualidad; como no podría ser de otra manera, tratándose de los británicos, un pueblo muy puntual. Yo nunca he tenido grandes problemas con la puntualidad. Siempre he sido una persona exacta en lo que a medición del tiempo se refiere, no sin la inestimable ayuda de uno de mis Casio.

Hoy me apetecía montar en moto, y que mejor tecnología que la de un buen motor eléctrico, para impulsar una máquina que genera tan increíbles sensaciones. Tengo un proyecto en el norte de París, donde unos jóvenes emprendedores estaban implementando esta tecnología a motocicletas de competición que, gracias a su par motor y una buena punta, resultaban una  gran opción para abrirme  paso a través de uno de los peores tráficos del planeta. La city Londinense me esperaba para la reunión de las 8:00, en un edificio de oficinas rodeado por espejos iridiscentes.

Inversión y pobreza. Dos palabras que, a simple vista, parece que no pueden caber en un mismo “Bussiness Plan”. Aquellos caballeros ingleses apenas conocían mi nombre, salvo por un contacto que un inversor propio les pasó una copia escaneada de mi tarjeta de visita; recomendándome por haber hecho subir las acciones de su entidad regional de préstamo y se había convertido en uno de los mayores suministradores secundarios de créditos, para el Grammen Bank en 2015.

ParisAfortunadamente para mí y mi proyecto, generé las suficientes dudas razonables como para poder convencerles de hacer un viaje rápido, en avión, a Adís Abeba (Etiopía). El plan era mostrarles los dos edificios de diez plantas donde se generaban grandes cantidades de verduras  y hortalizas, que además de venderse en el propio país, proveían al mercado keniata. Los inversores mostraron gran atención cuando comprobaron el poco espacio de tiempo en el que una lechuga podía crecer y el crecimiento de su inversión debido a la gran cantidad de clientes. Fue entonces cuando cerramos el trato, de vuelta a Londres, en avión. Aquí empezaba la gran aventura de construir 7 grandes plantas hidropónicas, en mitad del desierto del Sáhara, y que generarían cientos de puestos de trabajo directo y aún más, de indirecto.

Cuando aterrizamos, cogí el TGV a París, pues mañana había que volver, otra vez, a cambiar el mundo.>>


Probablemente, ya sabrás que ésto nunca ocurrió y estarás en lo cierto, pero solo déjame un poco más de tiempo, estoy en ello: http://yunuzz.com